¿Cómo estudiar laboratorios en Chile? Conversación con Sebastián Ureta

Santiago de Chile, 08 de mayo de 2019

Foto: algunos de los instrumentos que Sebastián conoció durante su estudio.

Fuente: Cortesía de Sebastián Ureta

Sebastián Ureta es doctor en sociología y académico de la Universidad Alberto Hurtado. Durante su participación en nuestro seminario interno, Sebastián compartió con nosotros su investigación sobre el CENMA, antiguo Centro nacional de medio ambiente, que será publicada prontamente. El enfoque de su investigación es original, entre otras cosas, porque analiza la labor científica del CENMA desde la idea de ruinación, que permite comprender la curiosa historia de este centro, que en sus inicios tuvo un financiamiento privilegiado, pero paulatinamente fue desapareciendo y, así, reconfigurando el modo en que se practicaba ciencia allí.

Su investigación, comenta Sebastián, inició el 2013, cuando los estudios etnográficos de laboratorios estaban recién comenzando en el país. El caso de CENMA le interesó porque el centro era un pilar fundamental para el estudio de suelos y, sin embargo, su infraestructura y los insumos del laboratorio no daban la impresión de ser un lugar donde se produce ciencia. Sin duda, en un comienzo CENMA fue un laboratorio de punta. Sin embargo, con los años el espacio no fue actualizado y llegó así a una condición de ruina, cuenta Sebastián. Contra todo pronóstico, empero, el CENMA siguió operativo y tramó así una historia relevante sobre el quehacer científico en Chile.  En particular, señala Sebastián, CENMA generó condiciones de producción de conocimiento muy particulares. CENMA no estaba estrictamente en ruinas, sino en un estado de continua ruinación. Esto significa que todas las prácticas de trabajo eran afectadas por el estado de ruinación. Los artefactos empleados en este laboratorio estaban en condiciones deplorables, pero aún utilizables y operativos en los estudios realizados por el centro. El equipo empleado, desactualizado y por tanto con muchas limitaciones, aún servía, si se aplicaban ciertas precauciones. La falta de personal, a causa de los problemas de financiamiento, demandó generar experticias improvisadas y “multitasking”, tales como incluir más personal técnico, sin formación especializada, en análisis técnicos, visitas a terreno, evaluación de muestras, etc. Estas y otras condiciones tuvieron un efecto positivo en el centro, pues permitió desarrollar una aproximación holística, más amplia, a las muestras de análisis. Ciertamente, esta aproximación generaba “análisis tibios”, pero no por ello menos preciso. Al contrario, los resultados incluían tanto datos cuantitativos como apreciaciones cualitativas, que permitían informar objetivamente al Gobierno sobre problemas asociados a contaminación de suelos.

 

Durante la discusión, el caso de CENMA permitió a nuestro equipo discutir sobre las categorías que se aplican hoy en la ciencia, la necesidad de atender a las realidades locales para informar sobre políticas públicas que sean un aporte al contexto local y la importancia de aspectos humanos y normativos, como el compromiso ético de los investigadores, el uso de los parámetros internacionales de evaluación y la necesidad de entender la producción científica desde las vicisitudes propias de cada caso.

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